lunes, 26 de enero de 2015

Dos cómicos

Se habla mucho de las primeras obras de los artistas porque dan pistas de lo que vendría luego, nos enseñan qué caminos tomaron y cuáles desecharon, los errores (y a veces la frescura) de su inexperiencia. Pero pocas veces había pensado en el último cuadro de un pintor hasta que casi por casualidad descubrí la que fue la última pintura de Edward Hopper.


La pintura norteamericana del siglo XX ocupa un sitio especial en mi ranking personal. EEUU es un sitio misterioso, lo suficientemente europeizado como para que no nos resulten unos completos desconocidos, pero con una simbología y mitología muy extraña que nace, creo, de una falta de identidad histórica. Por lo tanto, aunque muy a su manera y más que nos pese, tienen un poco de todos nosotros y por eso nos vemos reflejados en sus historias, de un modo algo distorsionado pero bastante profundo.

Andrew Wyeth - Christina's world


Mientras que por este lado del charco nos divertíamos experimentando los límites del arte que parecían no existir con el surrealismo o el cubismo, Edward Hopper narraba las vidas de los americanos, tan emocionantes de puertas para afuera, en los momentos en los que les flaqueaba la apariencia y el telón caía. El pintor les espiaba desde una ventana, desde la calle o desde una butaca para sorprenderlos en el mismo segundo en el que bajaban la guardia.

Edward Hopper - New York movie


El capitalismo es un sistema en el que uno vence y otros pierden, ¿pero qué gana el vencedor? La prosperidad trajo consigo mucha soledad y mucha apatía. Personajes que comparten habitación pero rara vez intervienen entre ellos, mujeres solas que se han quedado absortas en un pensamiento mientras se vestían, un hombre en una gasolinera sin coches ajustando un surtidor que nadie va a utilizar. Y llegados el momento, las personas desaparecen, y solo quedan estructuras de líneas rectas que no dejan lugar a las luces intermedias: el mediodía proyecta y duplica las cornisas sobre las paredes lisas,  el sol no trae consigo nada nuevo.

Edward Hopper - Gas

Hablando con unos amigos sobre Hopper, me decían que sus pinturas les parecían fotos. Pictóricamente, sin embargo, los trabajos de Hopper están muy lejos de lo que entendemos hoy en día como un cuadro que “parece una foto”; es cierto que no es un pintor abstracto, pero no se trata de un hiperrealista, y aun así se me ocurren pocos pintores que hayan sido tan imitados y homenajeados en el cine, desde David Lynch utilizando sus colores hasta Alfred Hitchcock basando en un cuadro suyo la macabra residencia de los Bates. ¿Por qué? Yo creo que Hopper toma los momentos más insignificantes de nuestra vida aburrida y las transforma en algo verdaderamente trascendente.

Edward Hopper - House by the railroad


Hace como diez años me leí un libro que se llama “Adios, muñeca”, una novela negra de Raymond Chandler, y el detective Marlowe, Velma Valento y compañía me recordaron instantáneamente a los personajes de un cuadro llamado Nighthawks, como si fueran a esa cafetería cuando yo cerraba el libro y un hombre llamado Edward Hopper les hubiera tomado una foto. Sólo conocía un par de cuadros suyos pero investigando para proyectos personales durante todo este tiempo, la búsqueda me ha llevado muchas, muchas veces a él. La última vez fue el año pasado, cuando saqué de la biblioteca una monografía sobre el pintor y leí que “Dos cómicos” fue el último cuadro que pintó.

Edward Hopper - Nighthawks


Dándome otro motivo para convertirlo en “mi mejor amigo que no conocí”, Hopper dio la espalda a algunos de los tópicos sobre los artistas que tanto daño nos hacen a las generaciones nuevas. Era un pintor crítico y concienzudo en su trabajo, y gracias a Internet podemos disfrutar de algunos de sus dibujos preparatorios. También se embarcó con su mujer Josephine en un matrimonio de pintores, dos personas que se complementaban perfectamente y que estuvieron juntos hasta el final. No es la primera vez que Hopper se representaba a sí mismo como a un pierrot, pero en esta ocasión Jo le acompañaba y juntos se despedían de su público. Año y pico después Hopper moría y su esposa le seguía 10 meses más tarde.

Edward Hopper - Dos cómicos



Dos cómicos perteneció a Frank Sinatra y aunque él no escribió la canción y sé de buena tinta que es imposible, a mí me gusta pensar que tiene alguna relación con Send in the clowns (¿Recordáis la canción que canta Krusty el payaso en los Simpsons en su vuelta a los espectáculos? Si no la hubieran traducido, hubiéramos escuchado esto). No sé a vosotros, pero a mi me suena a Hopper.





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